Hasta en el infierno (Chad), hay esperanza

Acabo de volver de Chad. Llevo tiempo en esto y nunca vi una situación tan devastadora como la que he recorrido en la región del Lago Chad. En este país, en Níger y sobre todo en Nigeria, se está viviendo una crisis humanitaria que afecta a 11 millones de personas. 2.6 millones han tenido que huir de sus casas. Conflicto, hambruna y olvido. Una terrible combinación.

Lo cuento en tres escenas: el infierno, Conrado y La esperanza.

El infierno se llama Boko Haram. Un grupo combatiente con el terror como arma que ha ocupado territorio de Nigeria y penetrado en los otros países. Se habla de unos 5000 hombres armados. Forman grupos de 100 o 150 terroristas que incursionan y arrasan sin piedad. Boko Haram es la barbarie y también un síntoma del deterioro en la región del Sahel, extraída desde fuera y olvidada.

La población desplazada vivía en las islas y orillas del Lago, pescadores y agricultores. Un “chef de village” nos contaba que Boko Haram quemó su pueblo. Se desplazaron a un primer campo de desplazados donde de nuevo fueron atacados. Toda familia que huyó dejó sangre en su tierra. La segunda vez se fueron más lejos, donde ahora se encuentran, donde llegaron sin nada. La población local y la tierra les acogieron con lo poco que tienen.

El infierno tiene muchas caras para serlo. No basta con la violencia. Tiene el rostro de un clima que deseca todo, lago incluido, que lleva años cambiando hacia peor. Se llama gobierno esquivo salvo para la defensa y para cobrar impuestos por servicios que no presta. No hay estado en este lugar. Ni salud, educación o carreteras.

El infierno se llama hambre, para una niña que murió en la fila esperando el reparto de alimentos. Sed, de agua limpia y no salina como se volvió la de lagos y pozos. Viento seco, intenso y arenoso, de fantasmas en el polvo.

Lago Chad

El infierno es desolador.

Conrado es el responsable de Oxfam en el campo de refugiados de Baga Sola. Tiene 36 años. Y lidera un equipo que asegura agua, alimento y vela por la protección de 50.000 personas desplazadas en 45 sites dispersos por el territorio. Más otros 20.000 locales que ya sufrían carencias y hoy comparten lo que tienen con los huidos de la violencia.

La acción humanitaria de Oxfam en esta zona es integral y defiende el derecho a la vida de quienes sufren el peor tiempo de su vida. Pozos, asegurados en los estándares de potabilidad, formación en higiene y tratamiento del agua. Transferencia de pequeñas cantidades de efectivo a los más vulnerables, identificados caso a caso, para complementar la comida entregada por el Programa Mundial de Alimentos (PAM), activo en casi todos los sites. Este dinero, 15 euros por familia y mes en la época más dura, les permite comprar más comida o algo de ropa, al tiempo que activa los débiles mercados locales. Y finalmente los comités de protección. Qué palabra más bella e intensa aquí.
Lago Chad Crisis humanitaria

El equipo se deja la piel, literal en este caso dada la sequedad. Trabajan sin descanso, de verdad, sin descanso. Montaron la respuesta en semanas, conocen a la población y a sus autoridades comunitarias, las únicas que valen. Ha sido el equipo de Oxfam quien ha descubierto algunos campos de desplazados, de hasta 150 familias, y aboga ante el ACNUR para su reconocimiento y ante el PAM para que llegue con alimento.

El equipo Oxfam es chadiano en su mayoría, 40 mujeres y hombres jóvenes formados en agua, desarrollo comunitario, agricultura.

La esperanza de Conrado y del equipo se plasma en 6 paneles solares, un pozo, una bomba, dos depósitos y 60 trozos de tierra. 60 familias desplazadas están empezando a cultivar cereal y verduras en uno de los sites. Nada muy innovador, el abc del desarrollo rural. Lo sorprendente, lo alucinante, es empujarlo en este lugar, en estas condiciones lamentables, en plena respuesta humanitaria masiva, contra todos los elementos. Lo necesitan, el equipo, y desde luego la población desplazada. En las conversaciones con mujeres y hombres, tras la seguridad, el agua y la comida (en este orden), la necesidad que surge es cultivar su propio alimento. Están destrozados, lo que no es lo mismo que estar postrados. No. Mantienen una dignidad sobrecogedora.

Es el infierno sí, pero hasta en el infierno hay esperanza. Lo que no puede haber es olvido.

Más información del trabajo deOxfam Intermón en Chad: http://www.oxfamintermon.org/es/accion-humanitaria/emergencia/desastre-humanitario-en-region-del-lago-chad

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