Marta Guerrero: “en un mes me enfrento al Trailwalker por segunda vez”

Apenas quedan 9 días para el #Trailwalker2018 en Euskadi y un poco menos de un mes para la edición de Madrid en la que este año estrenamos, además de los clásicos 100km, el recorrido de 50km. Desde la organización nos hemos propuesto motivar al máximo a todxs los participantes que, con mucho esfuerzo e ilusión, participáis en este reto solidario por equipos para mejorar el acceso a agua potable de millones de personas en todo el mundo. Y hoy lo haremos contando la historia de Marta Guerrero Gil, que nos ha compartido, en primera persona, cómo llegó al Trailwalker y por qué participa por segundo año consecutivo.

Para quienes no la conozcáis, Marta, más conocida en instagram como @martaggrun, es mami de 6, runner y participante del Trailwalker por segundo año consecutivo.

Pasen, lean y compartan.

Dentro de un mes me enfrentaré por segunda vez en mi vida al Oxfam Intermón Trailwalker: 100km de mucho esfuerzo, solidaridad  y recompensa.

Una lógicamente no se levanta por la mañana y dice: “¡me voy a inscribir a una carrera de 100km!”. Enfrentarse a esta distancia es fruto de un camino, de un proces, de una maduración como corredora, y por supuesto, de mucho entrenamiento.

Todo tiene un comienzo. Creo que empecé a correr por una necesidad más psíquica que física.  He de decir que siempre he sido físicamente muy activa y deportista, pero mi idilio con el running no apareció hasta bien entrados los 30 años. Por entonces yo tenía 5 hijos (ahora tengo 6).  Eran años convulsos y difíciles en mi vida y necesitaba una válvula de escape porque estaba a punto de romperme por dentro. El running fue mi mejor medicina: me puse unas zapatillas (madre mía, ni os imagináis cómo eran las zapatillas, ahora no correría con eso ni loca) me puse unos cascos y comencé a correr. Así, sin más. Cuando llegué a casa me sentía tan bien que ya pensaba en salir al día siguiente, y luego al siguiente, y al siguiente… me convertí en corredora, o como dicen ahora, en runner.

Marta Guerrero Gil (@martaggrun)

Marta Guerrero Gil (@martaggrun)

Y me hice más fuerte, mental y físicamente

Mis primeras carreras fueron de 10 y 5k. Al año de empezar a entrenar conseguí completar mi primera media maratón con un tiempo muy decente. Por esa época, recuerdo que cualquier corredor que fuese maratoniano era para mí un héroe… y cuando oía hablar de ultra distancias me parecía una locura que sólo unos pocos héroes eran capaces de completar.

Pero este deporte, cuando te atrapa, te demanda más. Y si has sido capaz de hacer media maratón quieres probar una maratón entera, y cuando has conseguido completar una maratón quieres más…. porque las carreras de fondo son una prueba de resistencia mental, se convierten en un enorme reto personal… ¡se trata de superar tus límites!

En 2017, poco después de haber conquistado mi primera maratón, me propusieron inesperadamente formar parte del equipo de Instarunners Madrid en la marcha solidaria Trailwalker de Oxfam Intermón.  El reto era enorme, pero las ganas y mi cabezonería eran aún más grandes.

Equipo Instarunners Madrid en durante el Trailwalker 2017 de Madrid

Equipo Instarunners Madrid en durante el Trailwalker 2017 de Madrid

Esta carrera tenía ingredientes que la hacían muy interesante para mí: se trataba de la mayor distancia a la que me había enfrentado nunca, 100km; era un trail, con toda la belleza que te ofrecen este tipo de recorridos frente a las carreras de asfalto; además, era una competición por equipos, en la que deberíamos apoyarnos y acompañarnos durante tantas horaspero sobre todo se trataba de una carrera solidaria por una causa preciosa (la financiación de proyectos para facilitar el acceso al agua a cientos de personas en el mundo que carecen de ella).

No tenía miedo a nada, y dije que sí

La ilusión y las ganas lo pueden todo y, no sin gran esfuerzo, conseguimos ser finishers de la Oxfam Intermón Trailwalker Madrid 2017. Fue una experiencia única y maravillosa que nunca olvidaré. Una montaña rusa de emociones y sensaciones,  una lección de esfuerzo y superación.

¡Menuda carrera! A ratos tan disfrutada y a ratos tan sufrida. Ese día pasamos por todas las estaciones del año en pocas horas: nos hizo un sol de justicia, llovió, granizó, nos mojamos, sudamos, pasamos frío y calor. Pero en cada punto de control, en cada avituallamiento, allí estaba nuestro equipo de apoyo, siempre serviciales y preparados para ayudarnos con nuestra alimentación, ropa seca o cualquier necesidad que pudiésemos tener, al igual que la organización y voluntarios de la carrera… ¡de diez!: nunca olvidaré el masaje que en km 64 me hizo una estudiante de fisioterapia, que me dejó nueva y permitió continuar hasta la meta.

Equipo Instarunners durante el Trailwalker 2017 de Madrid en el kilómetro 60

Equipo Instarunners durante el Trailwalker 2017 de Madrid en el kilómetro 60

Si el esfuerzo físico fue enorme, cien mil veces más grande fue el esfuerzo mental. El cansancio extremo, el dolor de todo el cuerpo y el sueño de las últimas horas, sólo se combaten con la cabeza. Muchos fueron los kilómetros en los que estaba tan cansada, que los recorrí llorando, las lágrimas me caían irremediablemente mientras me obligaba a mí misma a continuar. Es un ejercicio de voluntad y auto exigencia que no se puede experimentar en la vida cotidiana.

En esta carrera fue imprescindible la compañía. Un ejemplo precioso de vida y solidaridad: cuando uno cae, los demás lo levantan. En algún momento a todos nos fallaron las fuerzas o el ánimo, pero allí estaba el resto del equipo para sostenerle. 

Atravesar la meta fue un momento imposible de olvidar. Los últimos kilómetros se hacen eternos y no sabes a ciencia cierta si te quedan fuerzas para acabar. Pero cuando llegas, la satisfacción y la emoción son tan grandes que todo lo pasado mereció la pena.

Marta y su equipo Instarunners Madrid al llegar a meta en Madrid 2017

Marta y su equipo Instarunners Madrid al llegar a meta en Madrid 2017

Quizás estuve varios días con agujetas y cansancio en mis piernas, pero con una sonrisa tan grande que llamaba la atención, que hablaba de otro límite superado, de otro reto cumplido, y de una experiencia de vida que jamás olvidaré.

Y aquí estamos en 2018, a un mes de repetir la experiencia, que seguro no será igual, porque no hay dos carreras iguales. Entrenando de nuevo cabeza y piernas. Probando mochilas de hidratación, gummies y geles, intentando no dejar nada al azar, porque los imprevistos en carrera vendrán, pero nos encontrarán de nuevo preparados, fuertes e ilusionados.

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